La realidad de ser mamá

Antes de tener un hijo no tenía ni idea de la cantidad de cambios que iban a suceder en mi vida. Sabía que ya no iba a ser la misma, pero sentía tanta ilusión y tenía tantas ganas de que naciera mi bebé, que no me planteé nada que pudiera ser negativo.

La realidad ahora que tengo una niña de dos años y pico y otro retoño de ocho meses. Es que se te desmorona todo. Mi vida anterior ya no existe.

Desde el momento que nació mi hija sentí un amor tan grande que no sabía que se podía querer así, pero a la vez empezó una preocupación que ya no me abandona. Siempre preocupada por su bienestar. Son sentimientos que nacen desde tu interior. Creo que están en la naturaleza humana.

Después de tener hijos a mi me ocurrió lo siguiente:

– Discusiones de pareja: Al no estar de acuerdo en todo en cuanto a educación o cuidado de nuestros hijos, surgieron discusiones que antes no existían. Yo pasé de no discutir nada o tener rachas malísimas.

– Desencuentros con familiares y amigos: Me encontré con muchas críticas y consejos indeseados, lo cual me está haciendo cada vez más insociable.

– Lo último soy yo: Lo principal son mis hijos. Dejo de dormir, de comer, de ver televisión o cualquier entretenimiento, dejo de salir, dejo escapar oportunidades de diversión y todo por mis hijos.

– La paciencia que creía que tenía: Yo creía que era una mujer paciente, pues los niños a veces me han hecho perder la paciencia (y siempre me he arrepentido). Con el tiempo he ido adquiriendo más paciencia y comprensión.

– Olvídate de tener la casa limpia: Mi casa es un caos. Todo sucio, todo revuelto. Recojo una cosa y aparecen 20 más. Juguetes tirados por todas partes, comida y bebida por el suelo, los bolis, todo es ideal para espacir por la casa.

-Tiempo: Ya no tengo tiempo para nada. Creo que esta es una frase común de los papas. Faltan horas para todo. Tus hijos necesitan que les dediques tiempo, y ese tiempo también lo tienes que emplear en hacer la comida, lavadoras, recoger… A veces no hay tiempo siquiera para hablar cinco minutos con mi pareja.

A pesar de todo esto. Creo que mi vida no es perfecta pero es como quiero que sea. Mis hijos son maravillosos. Son lo mejor que me ha pasado en la vida. Mis hijos me aportan madurez. Me enseñan a disfrutar de las pequeñas cosas. Me hacen sonreir. Me ayudan a crecer como persona y a encontrar a mi verdadero ser.

 

A mi madre

Hola mama. A alguien se le ocurrió establecer que este es el día de las madres. Tu siempre decías que no te hiciéramos regalos. Decías:”Por favor,eh, que me enfado. NO compres nada.” Casi nunca te he comprado nada. Ni detalles. Ni un te quiero. Sabes que nunca he sido muy cariñosa. Más bien soy muy mía.
No te he llorado mucho. Tampoco me salen las lágrimas. Pero te echo mucho de menos. Me faltas. Muchas veces me siento sola. Nadie podrá llenar ese hueco que dejaste. Se fue mi madre, mi confidente, el hombro para mi cabeza, el pañuelo para mis lágrimas, los dientes para mis sonrisas.
Es irónico. Tú, siempre preocupada por que los demás se sintieran a gusto, siempre intentando no preocupar a nadie. Y te tocó el papel más duro: esconder tu dolor moral y físico.
La última vez que te vi sonreír fue cuando me eché en la cama contigo y te puse la mano en mi barriga embarazada. El se movió dentro de mi y tu sonreiste. Nació tres días después de irte.
Le habrías adorado mamá, tanto como a tu primera nieta. Es muy tranquilo. Es precioso. Algunos dicen que se parece a ti. Yo no le veo parecido. Pero cuando sonríe, se le ven hoyuelos en las mejillas como a ti.
En fin, tras tu pérdida hay días como este que desearía borrar. Pero también me gusta que de vez en cuando se abra la herida y salga todo ese dolor de dentro.
Te quiero mamá.

CONFLICTOS PADRES-ABUELOS

Ante todo, decir que lo que aquí se expone son sólo opiniones. No es ninguna tesis basada en estudios ni nada parecido.

Al nacer un bebé, nuestros padres pasan asumir un nuevo papel: ahora son abuelos.

A veces (y por lo que estoy comprobando esto sucede a menudo) surgen conflictos entre los padres y los abuelos de la criatura.

Seguro que hay muchos más, ya que cada familia es un mundo, pero voy a enumerar aquí los más comunes:

Abuelos entrometidos.

Debido al salto generacional y a las propias vivencias y enseñanzas que han recibido, hay abuelos que no están de acuerdo con la forma de crianza de los padres. Estos abuelos se ven en el deber de intervenir por lo que ellos consideran el bien de sus nietos.

Aquí vendrían los consejos insistentes e indeseados. Ante la negativa de los padres a seguir estos consejos, los abuelos sienten que sus deseos quedan de lado, que no son tenidos en cuenta. Por el contrario los padres sienten que no se les está respetando como padres, ya que es a ellos a los que corresponde decidir cómo criar a su hijo.

Los abuelos deben respetar la decisión de los padres aun cuando no estén de acuerdo, salvo en casos  de peligro. Los abuelos no tienen que educar a sus nietos. Ellos ya educaron a sus hijos.

El papel de los abuelos es jugar, consentir, divertirse con sus nietos y echar una mano a los padres. También transmiten vivencias a sus nietos propias de su familia.

Abuelos y visitas continuas.

Esto de las visitas puede extenderse a otros familiares. Es completamente lógico que los abuelos quieran ver a sus nietos. Están en su derecho y además es beneficioso tanto para unos como para otros.

El problema surge cuando estas visitas se vuelven continuas y/o inesperadas. ¿Por qué? Pues porque rompe la armonía familiar. Por mucha confianza que haya, en cada hogar hay unas costumbres que se ven alteradas. A esto se suma que los padres están cansados, duermen poco, tienen un bebé o niño que atender, tienen que limpiar y si vienen invitados hay que atenderles, cocinar y limpiar extra.

Los niños, por mucho que conozcan a los familiares, se alteran con las visitas. A veces no se respetan sus siestas y luego están más irritables.

Celos de los abuelos.

A veces los abuelos en su afán de ver asiduamente a sus nietos y su deseo de cuidarles y darles cariño. Se encuentran con puertas cerradas. Esto es por ejemplo que unos abuelos (paternos o maternos) vean más a los niños que otros, o que unos les compren más regalos que otros. También ocurre que antes de nacer el niño, tenían expectativas de cuidarlos o quedarse con ellos en su casa y no ven cumplidas estas expectativas.

Estos celos son hasta cierto punto normales.

Algunos abuelos se toman el nacimiento de su nieto como una segunda oportunidad para ejercer de padres y esto puede crear rivalidades entre los abuelos y los padres del niño. Por otro lado mamá y el papá son figuras claves para el pequeño, pero hay que facilitar el contacto entre el niño y el resto de la familia. Se debe entender que la alegría de ver a los niños no es exclusiva.

Abuelos (especialmente abuelas) ceba-niños.

Pretenden que se coman un plato como el de un adulto. Sin tener en cuenta el tamaño de su estómago. Se quedan con frustración si no se comen todo o si no le gusta algo.

Abuelos (especialmente abuelas) compradores compulsivos.

No paran de comprarles cosas (juguetes, ropa, cuentos…) a sus nietos. Los padres ya no tienen espacio para tanto cacharro.

Está bien que los abuelos mimen a los nietos y les hagan regalos, es una manera de demostrar su amor, pero no está bien que lo hagan en exceso.

Aparte de esto hay padres que se encuentran con ropa que no les gusta para poner a sus hijos, o que sí les gusta, pero hubieran preferido otra opción.

Abuelos pasotas

A estos abuelos no se les ve ningún interés por los nietos, no hacen por mantener el contacto con ellos e incluso a veces lo evitan, con lo cual es lógico que lo padres se puedan sentir dolidos.

Es muy enriquecedor, tanto para abuelos como para nietos, mantener un contacto. Pero si el abuelo no pone de su parte o no quiere, no se le puede forzar por mucho que duela a los padres.

Abuelos canguro

Cuando los niños están al cuidado de los abuelos, surgen varios conflictos en cuanto a su educación y sus cuidados. También pueden surgir celos entre padres y abuelos.

Es importante dejar claro que las decisiones importantes las toman los padres. Y los abuelos deben ceñirse a ellas. Pero los padres también deben ser flexibles, ya que su hijo está al cuidado de otras personas y no lo van a hacer igual a como lo harían ellos.