¿DEJAR LLORAR?

Acabas de cenar, ves un rato la tele o lees y caes dormid@. Tu pareja te coge y te lleva a un cuarto separado del suyo. Te despiertas y, aparte de flipar, le preguntas por qué hace eso, si tu quieres dormir con él/ella, te gusta sentirlo a tu lado. La contestación que recibes es: tienes que ser independiente. Te tienes que quedar aquí sol@ toda la noche. Si tienes hambre o sed, no te preocupes que mañana lo solucionamos. Si te sientes sol@ este peluche te hará compañía. Además mañana tengo que madrugar y me despiertas con tus ronquidos. Acostúmbrate que va ser así todas las noches. Te cierro con llave. Aunque grites y llores no te va a servir de nada, so manipulador/a. Ya te acostumbraras

¿No te parece absurdo y cruel? Si a tí no te gusta dormir solo ¿Por qué un bebé debe hacerlo? Un bebé necesita la cercanía de sus papás para sentise seguro ya que su supervivencia depende de ellos

¿Por qué llora si le dejas solo? Ya he oído alguna vez que es que son muy listos y nos manipulan desde temprano ¿eins?¿y eso? El bebé llora cuando se siente mal. Y no está pidiendo nada raro, pide estar con sus papás para sentirse seguro.

Por desgracia me han dicho ya muchas veces: “si no pasa nada, dos noches de llanto y ya el niño duerme bien”

No me parece bien dejar llorar a un niño sin atenderlo. ES TU HIJO. ¿Dejarías a tu pareja llorar? Repito que no te manipula que es un bebé y no entiende de sociedad, ni entiende que tengas que levantarte pronto, solo sigue su instinto. Y tú, por los motivos que sean, anulas tu instinto y tu dolor y le dejas llorar.

¿Que el niño se acaba acostumbrando?¿Que ahora duerme estupéndamente? ¡Claro que se acostumbra! Se acostumbra a dejar de llorar porque sabe que no vas a acudir. Lo de que duerme estupéndamente no lo sabes porque no estás con él y el niño ya no va a llorar, ya ha aprendido que no puede contar contigo.

¿Que tarda mucho en dormir y le cuesta mucho? ¿Que se despierta? ¿Crees que tu hijo tiene un problema de sueño? Cada niño es diferente y maduran a un rítmo diferente. También hay niños más dependientes que otros. Niños que son muy tranquilos y niños muy nerviosos. Cuanto más nerviosos o movidos sean, lo lógico es que les cueste relajarse para dormir (a nosotros también nos pasa). En estos casos, con un poco de paciencia y con mucho amor el niño se duerme pegadito a papá y mamá, tardará más, pero se dormirá. Y tranquilos que el niño madurará e irá durmiendo cada vez mejor. No es un problema de sueño, sino de maduración. Terminará durmiendo como una marmota y será un niño seguro que ha tenido la atención de sus padres desde el principio.

Con esto no quiero decir que los padres que han dejado llorar a sus hijos sean unos malos padres, seguro que no. Todos (o casi todos) queremos lo mejor para nuestros hijos. Y si nos han informado que eso es lo mejor para nuestro bebé, nosotros con todo el dolor de nuestro corazón (dolor que sale de las entrañas) lo haremos. Sólo os animo a que os informéis un poco sobre lo que hacéis, y si no os informáis, que sigáis vuestros instintos, que os llevarán por el buen camino.

Además, os perderéis dormir con las personas que más amáis, sentir su cuerpecito, su respiración, su calor. Llegará un día que esto deje de ocurrir y yo os aseguro que lo echaré de menos.

ILUSIÓN

Los niños. Esos seres maravillosos que nos dan lecciones cada día, que nos ayudan a crecer como personas. Te abren la mente hacia un mundo que habíamos olvidado.

Mientras tú piensas qué hacer para cenar, descubres a tu hijo observando cómo trabajan las hormigas. Y si las observas con él, descubrirás lo interesante del espectáculo.

Vas caminando a comprar el pan. Tu hijo se detiene cada dos por tres a coger hojas, piedras, flores y palos. Y nosotros tenemos tanta prisa que no nos detenemos a descubrir lo bonita que es la naturaleza.

Tu hijo llora porque quiere pisar un charco y no le dejas, que se va a poner perdido, que se va a constipar ¿Acaso sabes lo divertido que es pisar un charco con tu hijo?

Te sientas a hacer dibujos con tu hijo y se maravilla de lo “bien” que dibujas.

Tu hijo quiere bailar contigo, quiere jugar contigo y reír contigo, tu hijo te quiere incondicionalmente y te enseña la vida desde otra perspectiva.

Gracias a mis hijos por abrir mi alma al mundo, por cada sonrisa, por su energía, por su cariño y por su ilusión.

COLECHO

Cuando estaba embarazada de mi primera hija. No sabía nada de bebés, sólo lo que te cuentan, lo que ves en la televisión o en alguna revista. No tenía ni idea de cómo funcionaba el sueño infantil. Suponía que los bebés dormían en su cuna tranquilamente y los padres en su cama. Tenía claro que quería dormir en la misma habitación, al menos al principio.

Antes de comprar la cuna, los padres de mi marido con toda su ilusión, nos regalaron un moisés de mimbre muy bonito en el que había dormido mi marido de pequeño. Bueno, pues asunto arreglado. Allí teníamos el moisés esperando la llegada de mi niña.

La niña nació y empezamos el proceso de adaptación, aún nos teníamos que conocer y saber qué es lo que funcionaba o no para mi pequeña.

Al principio dormía bastante, como es normal los primeros días. Pero desde bien temprano noté que donde ella estaba más relajada era cerca de mí. Mamaba y se dormía tranquila en mis brazos. Una vez  dormida, intentaba dejarla en el moisés y acto seguido abría los ojos y lloraba a grito pelado. La cogía en brazos y dejaba de llorar.

Optamos, por comodidad de todos y para poder descansar, a dormir los tres juntos. Y la verdad que funcionaba bien. La niña ni siquiera de despertaba cuando tenía hambre, hacía ruiditos y yo con mi instinto maternal bien alerta me despertaba y le acercaba el pecho, ella mamaba y todos a dormir tan contentos. Su padre ni se enteraba.

Durante el día yo intentaba echarle a dormir las siestas en el moisés, así yo podría hacer las cosas de la casa. Pero no había manera. Ella lloraba como si le quemaran las sábanas.

Para mí era muy duro, la niña era bastante demandante y yo disfrutaba mucho estando con ella, pero no llega a tiempo para nada, los quehaceres diarios aparcados y yo misma aparcada. Si no podía comer, pues no comía, iba al baño con la niña en brazos y la higiene personal para cuando se podía. A todo esto se sumaban las presiones sociales (la estás acostumbrando a los brazos, la niña tiene que dormir en su cuna, miradas reprobatorias…)

Menos mal que unos amigos nos recomendaron los portabebés, la niña se quedaba dormida en brazos y yo podía hacer cosas con ella atadita a mí.

Mi marido y yo pensábamos que cuando tuviera más edad pasaría a dormir en cuna, pero siempre ampliábamos el plazo ya que nos seguía funcionando bien dormir juntos. ¿Por qué? Pues porque teníamos inculcado que tenía que ser así. Compramos la cuna. Y la cuna seguía en el cuarto desocupado de la niña.

Al final le quitamos las barras laterales a la cuna y la acoplamos a la cama. Hemos cambiado varias veces la distribución de colchones y camas, pero la niña siempre ha dormido con nosotros. Todo por comodidad y porque no queríamos que sufriera.

La niña tarda mucho en dormirse, es muy nerviosa y demandante y le cuesta conciliar el sueño. Todas las noches era una tortura para todos, la niña llorando, porque no quería o no podía dormirse, nosotros intentando que durmiera, cantando, meciéndola, abrazándola y al final dormía, pero nos tirábamos así mínimo una hora todas las noches. Era desesperante. Por ese motivo empecé a buscar información como ayuda para ver si dormía mejor. Encontré el libro del famoso Estivill, pero me resultó inviable, porque me dolía el alma dejar llorar a la niña. No estaba dispuesta a dejarla llorar por más que me lo recomendaran. Leí otros libros (Carlos González, Rosa Jové y Elisabeth Pantley) y empecé a comprender que el sueño de los bebés es distinto al nuestro y que forzarlos a madurar antes de lo que la naturaleza dicta es contraproducente. Aprendí a tener más paciencia y a meterme en su piel. Aprendí que ella necesita protección y necesita de mi presencia (o la de su padre) para calmarse, que no es capricho, sino necesidad.

Ahora que ha nacido mi segundo hijo hemos juntado dos camas y dormimos los cuatro juntos. Nos acostamos a la misma hora. La niña sigue tardando en dormirse pero ya lo hace más relajada al tener a toda la familia junta (aunque tiene sus días). Es maravilloso compartir cama con ellos, son mi familia. Ahora no me importa absolutamente nada el qué dirán (antes sí)

Para mí es maravilloso dormir con mi familia, todos juntos, poder abrazar a mis hijos mientras duermen. El día que decidan dormir ellos solos, seguro que recordaré el hecho de haber dormido con ellos como algo positivo y precioso.

Lo único que siento es que mi hija tuviera que sufrir mi desconocimiento y mis dudas. Mi segundo hijo tiene el camino allanado.

Instinto Maternal

Desde el momento en que supe que estaba embarazada, afloraron en mí distintos sentimientos y sensaciones: ilusión, incertidumbre, alegría y, aunque parezca extraño, una gran paz interior.

Seguí con mi día a día. Pero ya nada era igual. No dejaba de tener presente que había una vida formándose dentro de mí. Acariciaba mi barriga con el deseo de proteger y cuidar a mi bebé.

Según iba avanzando el embarazo, por lo general estaba tranquila. Pensaba que me sabría manejar con un bebé porque era lo que más deseaba en el mundo.

Llegó el momento del parto, fue bastante rápido (tres horas) y sin anestesia. Cuanto me pusieron a mi pequeña encima, sentí como si todo lo que había alrededor mío se esfumara y sólo quedaramos ella y yo. No podía dejar de mirar aquella preciosidad. Ni en mis mejores sueños habría podido imaginar algo tan bello.

Tras el parto estaba aturdida, emocionada, como en una nube. Puedo decir que existe la felicidad absoluta y que no importa el dolor ni el cansancio.

Ese pequeño ser que buscaba mi pezón sin parar y dormía plácidamente a mi lado, cambió mi manera de ver la vida. Desde entonces yo (y las demás personas y cosas) pasan a un segundo plano. Lo primero es el bienestar de tu bebé. Al ser madre sientes desde tus entrañas un dolor insoportable cuanto tu bebé llora. Sientes el deseo de protegerle, alimentarle, consolarle y hacerle feliz. No quieres separarte de tu bebé. Hay un vínculo inquebrantable entre los dos.

No resulta fácil cuando te encuentras con todos esos sentimientos y te dicen continuamente que debes luchar contra ellos por el “bien” de tus hijos.

 Si se me permite un consejo, desde mi experiencia como madre, que podréis estar o no de acuerdo, os diría que hicierais caso a vuestros instintos y oídos sordos a todo lo demás. Porque sé que a veces no es fácil, que nuestras tareas diarias, nuestras obligaciones y las presiones sociales nos ponen obstáculos en el camino. Pero un bebe o niño pequeño no entiende sobre todo esto, sólo entiende que quiere estar con sus padres o con las personas que le cuidan y protegen, hasta que él mismo por maduración se vaya distanciando.