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COLECHO

Cuando estaba embarazada de mi primera hija. No sabía nada de bebés, sólo lo que te cuentan, lo que ves en la televisión o en alguna revista. No tenía ni idea de cómo funcionaba el sueño infantil. Suponía que los bebés dormían en su cuna tranquilamente y los padres en su cama. Tenía claro que quería dormir en la misma habitación, al menos al principio.

Antes de comprar la cuna, los padres de mi marido con toda su ilusión, nos regalaron un moisés de mimbre muy bonito en el que había dormido mi marido de pequeño. Bueno, pues asunto arreglado. Allí teníamos el moisés esperando la llegada de mi niña.

La niña nació y empezamos el proceso de adaptación, aún nos teníamos que conocer y saber qué es lo que funcionaba o no para mi pequeña.

Al principio dormía bastante, como es normal los primeros días. Pero desde bien temprano noté que donde ella estaba más relajada era cerca de mí. Mamaba y se dormía tranquila en mis brazos. Una vez  dormida, intentaba dejarla en el moisés y acto seguido abría los ojos y lloraba a grito pelado. La cogía en brazos y dejaba de llorar.

Optamos, por comodidad de todos y para poder descansar, a dormir los tres juntos. Y la verdad que funcionaba bien. La niña ni siquiera de despertaba cuando tenía hambre, hacía ruiditos y yo con mi instinto maternal bien alerta me despertaba y le acercaba el pecho, ella mamaba y todos a dormir tan contentos. Su padre ni se enteraba.

Durante el día yo intentaba echarle a dormir las siestas en el moisés, así yo podría hacer las cosas de la casa. Pero no había manera. Ella lloraba como si le quemaran las sábanas.

Para mí era muy duro, la niña era bastante demandante y yo disfrutaba mucho estando con ella, pero no llega a tiempo para nada, los quehaceres diarios aparcados y yo misma aparcada. Si no podía comer, pues no comía, iba al baño con la niña en brazos y la higiene personal para cuando se podía. A todo esto se sumaban las presiones sociales (la estás acostumbrando a los brazos, la niña tiene que dormir en su cuna, miradas reprobatorias…)

Menos mal que unos amigos nos recomendaron los portabebés, la niña se quedaba dormida en brazos y yo podía hacer cosas con ella atadita a mí.

Mi marido y yo pensábamos que cuando tuviera más edad pasaría a dormir en cuna, pero siempre ampliábamos el plazo ya que nos seguía funcionando bien dormir juntos. ¿Por qué? Pues porque teníamos inculcado que tenía que ser así. Compramos la cuna. Y la cuna seguía en el cuarto desocupado de la niña.

Al final le quitamos las barras laterales a la cuna y la acoplamos a la cama. Hemos cambiado varias veces la distribución de colchones y camas, pero la niña siempre ha dormido con nosotros. Todo por comodidad y porque no queríamos que sufriera.

La niña tarda mucho en dormirse, es muy nerviosa y demandante y le cuesta conciliar el sueño. Todas las noches era una tortura para todos, la niña llorando, porque no quería o no podía dormirse, nosotros intentando que durmiera, cantando, meciéndola, abrazándola y al final dormía, pero nos tirábamos así mínimo una hora todas las noches. Era desesperante. Por ese motivo empecé a buscar información como ayuda para ver si dormía mejor. Encontré el libro del famoso Estivill, pero me resultó inviable, porque me dolía el alma dejar llorar a la niña. No estaba dispuesta a dejarla llorar por más que me lo recomendaran. Leí otros libros (Carlos González, Rosa Jové y Elisabeth Pantley) y empecé a comprender que el sueño de los bebés es distinto al nuestro y que forzarlos a madurar antes de lo que la naturaleza dicta es contraproducente. Aprendí a tener más paciencia y a meterme en su piel. Aprendí que ella necesita protección y necesita de mi presencia (o la de su padre) para calmarse, que no es capricho, sino necesidad.

Ahora que ha nacido mi segundo hijo hemos juntado dos camas y dormimos los cuatro juntos. Nos acostamos a la misma hora. La niña sigue tardando en dormirse pero ya lo hace más relajada al tener a toda la familia junta (aunque tiene sus días). Es maravilloso compartir cama con ellos, son mi familia. Ahora no me importa absolutamente nada el qué dirán (antes sí)

Para mí es maravilloso dormir con mi familia, todos juntos, poder abrazar a mis hijos mientras duermen. El día que decidan dormir ellos solos, seguro que recordaré el hecho de haber dormido con ellos como algo positivo y precioso.

Lo único que siento es que mi hija tuviera que sufrir mi desconocimiento y mis dudas. Mi segundo hijo tiene el camino allanado.

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8 pensamientos en “COLECHO

  1. Me he sentido muy identificada leyendo tu post. Mi niña es un clon de la tuya y aunque me recomendaron un fular para poder tener las manos algo libres mientras la atendía lo fui dejando y al final me animé cuando tenía 7 meses! Y ahora pienso… Por qué no lo hice antes!!!
    Mis comienzos como mamá fueron muy duros, a eso se le sumó la personalidad de mi hija, y acabé en un círculo del que pensé que no podría salir. Finalmente decidí escuchar mi corazón y mi instinto como mamá, hacer oidos sordos y ahora haciendo colecho, porteando y entendiendo que mi bebé es especial y necesita más de sus padres para poder relajarse y sentirse bien todo va sobre ruedas. Esto me ha servido para crecer como persona y mamá, ya que si hubiese tenido un bebé de esos de comer y dormir quizá no hubiese descubierto nunca esta nueva forma de criar… Y me hubiese dejado llevar por lo que hace todo el mundo… No lo sé!
    Ahora estoy felíz y sí, me da más trabajo que un bebé más tranquilo, pero no cambio por nada mis ratitos junto a ella. Aunque hay días de bajón cuando está tan nerviosa y la ves que quiere dormir y no puede y llora…
    Cada niño es único y creo que el deber de los padres es descubrir sus necesidades individuales y no comparar jamás con otros… No es bueno para el niño, no es bueno para nosotros.
    Saludos y suerte en esta nueva aventura

    • Totalmente de acuerdo contigo Virginia. Mi niña ya tiene dos años, y a veces es verdad que te desespera. Pero con el tiempo vas aprendiendo truquillos. Cada padre sabe lo que sirve con su hijo y lo que no, lo que le ayuda a relajarse. Estos niños te ayudan a fortalecer tus sentimientos como madre/padre

    • Hola Virginia. Me alegro de que cada vez haya más personas que intenten entender a sus hijos en vez de ejercer el autoritarismo. Sé que a veces es difícil, porque estamos candad@s y vemos que nuestro hij@ tiene sueño y no se duerme. Hace todo lo posible para no dormirse. Yo confieso que a veces pierdo los nervios, pero me sereno en seguida y sigo (aunque nerviosa y disimulando) tratando a mi hija con el respeto que se merece, poco a poco esos nervios van desapareciendo tanto por nuestra parte como por la de nuestros hijos. Mucha paciencia y mucho amor.

  2. ¡Genial! Súper identificada con tu historia. Disfruto con el colecho un montón, y lo que es más importante: descansamos todos y al día siguiente estamos como una rosa y con una sonrisa en la cara para enfrentarnos a los quehaceres diarios.

    Quiero seguir tu blog pero tengo una pregunta: ¿puedo inscribirme en algún lado para que me lleguen las nuevas entradas al correo o algo? Es que como soy un desastre, si no, se me pasa mirarlo 😦

    • Hola Almudena. Muchas gracias. Pues déjame mirarlo porque como verás, soy novata en esto del blog y aún estoy averiguando cómo va todo esto, pero te voy avisando de momento por twiter. ¡Qué ilusión que me hace! Estoy como una niña con zapatos nuevos, jeje

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